jueves, 19 de febrero de 2009

MANDRAGORA

La planta llamada mandrágora confina con el reino animal, porque grita cuando la arrancan; ese grito puede enloquecer a quienes lo escuchan. Pitágoras la llamó antropomorfa, el agrónomo latino Lucio Columela, semi-homo, y Alberto Magno pudo escribir que las mandrágoras figuran la humanidad, con la distinción de los sexos. Antes, Plinio había dicho que la mandrágora blanca es el macho y la negra es la hembra. También, que quienes la recogen trazan alrededor tres círculos con la espada y miran al poniente; el olor de las hojas es tan fuerte que suele dejar mudas a las personas. Arrancarla era correr el albur de espantosas calamidades; el último libro de la Guerra judía de Flavio Josefo nos aconseja recurrir a un perro adiestrado. Arrancada la planta, el animal muere, pero las hojas sirven para fines narcóticos, mágicos y laxantes.La forma humana de las mandrágoras ha sugerido la superstición que éstas crecen al pie de los patíbulos. Browne habla de la grasa de los ahorcados; el novelista Ewers de la simiente. Mandrágora, en alemán, es Alraune, antes se dijo Alruna; la palabra trae su origen de runa, que significó misterio, cosa escondida y se aplicó después a los caracteres del primer alfabeto germánico. El Génesis ( XXX, 14 ) incluye una curiosa referencia a las virtudes generativas de la mandrágora.
"Es difícil empresa para los hombres arrancarla del suelo, pero los dioses son todopoderosos".